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Siempre fui una mujer politizada, pero sentía que me faltaba el tiempo para participar activamente en la política. Es que cuando me preguntaban por qué no participaba políticamente si tanto me gustaba, solía contestar -no sin un dejo de resignación-, “es que no me alcanza la vida…”
Nací en San Rafael, Mendoza y me crié en Buenos Aires en el barrio de Mataderos y desde los diecisiete a la actualidad vivo en Boedo. Me casé a los diecinueve años, fui mamá a los veintiuno y me recibí de abogada a los veintiocho, cuando nacía mi segundo hijo. Ejercí la docencia universitaria hasta que me divorcié a los treinta y dos años, y ya era un lujo poder dedicarme a algo más que trabajar para mantener ese hogar que temprana pero decididamente quise formar. Mis niños crecieron y llegó el tiempo de poder dedicarme de lleno a la actividad política, obviamente sin dejar de trabajar en mi profesión, lo que aún hoy sigo haciendo. Para ese entonces, la recesión separaba a las familias. Muchos hijos y nietos emigraban buscando en otras tierras el presente que los sucesivos malos gobiernos de la Argentina les habían robado. Los jóvenes en su mayoría ya no creían en las luchas para combatir la pobreza y la desocupación, crecieron desilusionados frente a tanto desaguisado. Y los que ni siquiera podían irse transitaban en un mar de aceite irrespirable que era esta sociedad cuando la fiesta menemista llegaba a su fin. Fueron los años negros, cuando el paisaje urbano se llenó de personas que transitaban por las tardes con carritos de supermercado revolviendo la basura para recoger cartón y papel, y también para comer de las sobras de los otros. En mayo de 2001 ya estaba participando activamente en la conformación de un nuevo espacio que surgía de la indignación colectiva, el Movimiento ARI, encabezado por Alfredo Bravo y Elisa Carrió, venía incipientemente pero firme a decir “Basta” a la corrupción, a la desintegración y a la desigualdad en la Argentina. Participé de la construcción del partido A.R.I. (Afirmación por una República Igualitaria), e integré su conducción hasta que comenzó a diluirse en pos de una formación coalicionista que, a mi juicio y el de otros compañeros y compañeras que así lo sentimos, se fue encaminando hacia fines distintos que los que conllevaron a su creación. En 2005 integré las listas por el entonces ARI para la legislatura de la ciudad, obteniendo la banca que ocupo hasta diciembre de 2009. A lo largo de este tiempo me he convencido que si hay algo que resignamos como pueblo es la esperanza. Nos la pasamos yendo de una punta a la otra, con sucesivos votos castigo, otorgándoles a los elegidos la suma del poder para finalmente ser desilusionados. Así ya está pasando con los Kirchner y no cabe duda, pasará con Macri. Y otra vez el desencanto y la frustración es sólo para quienes depositaron su confianza. Recuperar la esperanza no es un slogan de campaña, es algo por lo que venimos trabajando en lo barrios y en la Legislatura con logros que nos impulsan a seguir en este camino para acrecentar la base de esta fuerza política y seguir demostrando con hechos, que estamos decididos a conseguir que otro país es posible. ¿Cómo conseguirlo? Nuestra convicción es que eso lo realizamos en conjunto, creando redes, encontrándonos los que pensamos parecido. Creemos en una construcción sólida, plural y participativa, donde podamos volver a creer en la política y como sociedad recuperemos la esperanza. Para ello no hay recetas mágicas. Sería sencillo empezar buscadno el bien común y trabajar duramente por conseguirlo, con no defraudar, con poder dar cuenta de nuestros actos porque, a la inversa de los que sólo hacen promesas en campaña, las promesas se van cumpliendo en el día a día. Estamos en una Argentina donde 25 niños y niñas mueren por día por causas evitables, y en una ciudad que solamente en una de sus veintiún villas de emergencia, tiene más de cien chicos y chicas que están en durmiendo en cajas de cartón, consumidos por el paco y la desesperación. Por eso, cuando lo que nos falta es la esperanza, cuando perdemos de vista el camino de una verdadera transformación, la respuesta siempre me llega de la mano de los que realmente han sufrido, de esas madres de la plaza, que en lugar de quedarse en sus casas o vengarse, buscan la justicia, luchando incansablemente para que el sueño de sus hijos siga presente. Sí. La respuesta viene de allí, donde están los verdaderos héroes y heroínas, los que son y fueron capaces de jugarse sus vidas, sus historias, sus hogares, todo: por salvar este maravilloso mundo posible.
La tarea no fue, no es, ni será fácil. Lo sabemos. Pero si me metí en la arena política, es porque no me resigno a vivir en una nación totalmente injusta, que premia a los que roban y castiga a los honestos, con falta de trabajo, jubilaciones magras, educación deficitaria y salud sólo para ricos. Una nación que produce y exporta alimentos para cientos de millones de personas y no puede dar de comer a su propia gente. Porque pretendo que el reparto de la riqueza que producimos sea justo y equitativo, porque aspiro a la paz y al bienestar social. Un lugar sin violencia, con seguridad, una ciudad vivible para todos, donde vivir no sea sobrevivir, una odisea cotidiana para la mayoría mientras unos pocos disfrutan de los privilegios del poder. Venimos trabajando para lograrlo y vamos a seguir haciéndolo porque estamos convencidos que tapando baches no se resuelven los graves problemas que tenemos de seguridad, salud, trabajo y educación, que es donde la “gestión” del gobierno de la ciudad NO Hace NADA. En este arduo camino, estamos buscándonos, intentando recorrer el camino de la participación ciudadana, de la transformación, de una ciudad incluyente, democrática y solidaria. Es un camino largo y difícil, pero por eso estamos convencidos que tenemos que encontrarnos. Por eso me presento, para que conozcas mi proyecto, mis ideas, mis convicciones. Y por eso te pido, que si pensás que algo podemos hacer juntos, que te sumes. Te invito a caminar juntos este cambio para una ciudad distinta.
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